
...se han sucedido tormentas de levante y de poniente. Las primeras, con ese viento cargado de lluvia horizontal que golpea en las ventanas, y que me gusta ver desde casa con las luces apagadas, brillando millones de gotas alargadas a la luz de las farolas, azotando y retorciendo las palmeras, reflejando la luz de los coches en la carretera.. Llegando a marcar la boya de Cabo Palos hasta 4 metros de altura, las sesiones en los rincones resguardados han sido inolvidables.. Caminata bajo la lluvia por ese sendero sembrado de verde, entre montañas, para estar solos en el agua, deshaciendo el camino al anochecer.. Y aquella mañana, bien temprano, de olas azul-grisáceas perfectas enroscándose a mi lado, recogiendo contundentemente de izquierdas, enrollándose sobre mí y envolviéndome mientras no aparto la vista del agujero de salida, dejando de oír "el mundo" para escuchar ese susurro sobrecogedor, esa especie de silencio líquido.. Disfrutando del espectáculo que tan pocas veces he visto en el Mediterráneo, aprovechándolo con ansia sabiendo que brevemente se esfumará... Al día siguiente el frente de poniente se estaba acercando. El viento NE rola por la noche a NW, y a lo largo del día a W y WSW, así suele ocurrir. Entonces, las playas orientadas al este cambian su cara, pasando de un desfase oscuro de lluvia y espuma, a amanecer con un mar limpio y cristalino, cayendo los restos del temporal en forma de grandes ondas ordenadas ahora con viento off-shore. Y ahí estaba yo en el agua, aún de noche, antes del amanecer, antes de ir a currar. Para ver salir el sol a través de la pared translúcida de las olas, es la mejor forma que he descubierto de ver un amanecer. Y entonces llegan las tormentas de poniente... Y me quedo con aquella tarde que el viento roló y dejó una mar de fondo tendida y peinada, rompiendo las derechas con furia ruidosa sobre el fondo de arena dorada, recogiendo el agua bajo sí mismas, avanzando enrolladas como una cremallera, invitando a seguirlas.. En ese lugar, al estar orientado al sur, el sol se pone sobre el mar en invierno, y las imágenes que se sucedieron durante esas horas hasta que quedamos totalmente a oscuras flotando en el agua, no se borrarán nunca de mi memoria.. Tubos de color verde esmeralda dejando ver a través de sí los rayos de luz, sólo podía suspirar ante la belleza de lo que estaba viendo, en aquel lugar apartado de toda construcción, con las playas y calas vírgenes custodiadas por preciosas montañas vestidas de verde, y sólo nuestras huellas y las de dos caballos blancos que paseaban a lo lejos.. Y finalmente una explosión de luz roja en el horizonte, al ponerse el sol.. Sé que no es bueno mirarlo fijamente y de hecho aun veo 20 soles al cerrar los ojos, pero es que no podía dejar de hacerlo... Todo esto fue en realidad tan rápido, quería detener el tiempo y que durara para siempre, pero en seguida se escapa.. Y de ninguno de estos días tengo foto alguna, ningún recuerdo físico.. Hay que decidir, o estar en el agua y vivirlo con tus ojos, o hacer fotos desde fuera.. Cuando hay tiempo se pueden hacer las dos cosas, pero con las prisas no me lo pienso.. Las fotos bien puedo perderlas en un naufragio...